El Ateneo Porfirio Barba Jacob se llenó de luz, creatividad y orgullo juvenil durante la gala de cierre del proyecto audiovisual con jóvenes de la ciudad. A pesar de que Medellín vivía una noche cargada de eventos culturales, el teatro fue testigo de un encuentro íntimo, poderoso y profundamente significativo.
Desde su llegada, los y las jóvenes mostraron un entusiasmo palpable. Entre risas, fotos grupales y recorridos por la galería “Guardianes Detrás de Cámara”, muchos buscaban sus propias imágenes para comentarlas, compartirlas con sus familias y recordar el camino recorrido. Incluso, varios preguntaron si podrían llevarse sus fotografías al finalizar la noche, una muestra clara del nivel de apropiación y cariño hacia el proceso.
Antes de levantar el telón, los medios comunitarios también tuvieron un rol clave. Rockerías y HD conversaron con jóvenes, profesionales del proyecto y el equipo del Ateneo. Para muchos participantes, fue su primera experiencia frente a una cámara o micrófono; aunque hubo nervios, respondieron con naturalidad, hablando de aprendizajes, retos y sueños.
Una de las voces que más resonó fue la de Katy Julieth Díaz Arrieta, quien, pese al miedo escénico, logró compartir su experiencia desde la honestidad y el coraje. La presentación musical también fue un punto alto, generando la sensación colectiva de estar viviendo un evento grande, hecho a la medida de su talento.
Reflexiones que quedan y aprendizajes que crecen
Los cortometrajes proyectados despertaron emociones entre los jóvenes y sus familias. Padres y madres no ocultaron la sorpresa al ver la seguridad escénica de sus hijos. Muchos expresaron que nunca los habían visto tan empoderados y orgullosos.
A nivel colectivo, surgieron ideas sobre memoria, identidad y la importancia de narrarse a sí mismos. Los jóvenes reconocieron cómo este proceso transformó su manera de relacionarse con el audiovisual y con ellos mismos. El intercambio de firmas en los libros finales se convirtió en un acto simbólico de amistad y futuro, un cierre que, más que despedida, fue un punto de partida.
Una noche que confirma lo esencial
El cierre del proyecto no solo mostró cortos bien realizados y una puesta en escena impecable: confirmó la importancia de seguir apoyando procesos donde la juventud crea, recuerda, imagina y transforma. Una noche donde el audiovisual se volvió puente, ritual y memoria viva.
Rockerías estuvo ahí, acompañando y amplificando la voz de quienes, desde sus barrios y experiencias, siguen demostrando que las historias más potentes nacen cuando se les da un lugar para existir.


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